La posesión de bienes y mantenerlos a salvo, la necesidad de pedir prestado y el proceso para pagar esa deuda, la unificación de las monedas, la facilidad para ir en barco sin portar grandes sumas de dinero, entre otros, son solo algunos ejemplos de lo que se puede considerar como las necesidades que dieron origen a los bancos.
 
Con el paso de los años, la estructuración de la sociedad vino a consolidar la función de esas instituciones. Su intermediación se volvió trascendental para la construcción de la economía de las naciones, interviniendo en los procesos formales de cambio de monedas, resguardo del dinero, préstamos, emisión de cheques y letras de cambio, por mencionar algunos ejemplos.
 
Más recientemente, los bancos dejaron de ser solo instrumentos financieros para convertirse en verdaderos actores de los mercados económicos de los países, dividiéndose en bancos públicos (capital estatal) y bancos privados (capital aportado por los socios), a la vez que sus transacciones son reguladas por un Banco Central.
 
Es decir, los bancos fueron creados empíricamente por las personas y su inmersión en la cotidianeidad los volvió una necesidad.
 
Esa necesidad les ha visto crecer, consolidarse y les ha motivado a ampliar su catálogo de productos y servicios, al grado que sus funciones van desde la posibilidad de pagar un servicio público hasta la compra de bonos de gobierno o su participación en mercados internacionales.
 
En el transcurso de esa evolución, ha existido un elemento en común e indispensable, sin el cual los negocios no se hubieran podido llevar a cabo: siempre para realizar algún trámite, el interesado debía presentarse al banco, esperar a ser atendido, conversar con el funcionario y regresar a su casa o trabajo con su gestión concluida o, en su defecto, con la lista de documentos que debía llevar en la próxima visita. Eso significaba una inversión importante de tiempo y recursos (en el traslado).
 
Lo anterior es la descripción de que la presencia física en las instalaciones de la entidad era forzosamente necesaria, sin distinción de trámite o clase social.
 
Disruptivamente los dos párrafos anteriores se han redactado en pasado, porque precisamente esa forma de realizar diligencias bancarias es parte del ayer. Hoy en día, esa presencia física, esa inversión de tiempo y de recursos, ya no es indispensable. Con la evolución del internet, los dispositivos móviles y las plataformas tecnológicas, a las que cada vez se tiene más acceso, el realizar trámites financieros, estando en la casa, el trabajo, en un restaurante, de vacaciones, en un bus desde el celular, entre otros lugares, es una posibilidad real y tangible. 
 
En el caso del Banco de Costa Rica (BCR), las facilidades para que sus clientes puedan efectuar sus trámites de forma rápida y sencilla, sin esperar a ser atendidos en una oficina, se ha venido gestando desde hace más de 30 años. Fue en 1987 cuando el BCR instaló el primer cajero automático del país, para retiro de efectivo sin tener que hacer fila en cajas.
 
En ese mismo año incorporó el servicio Teleban (sistema en línea que permitía realizar trámites como consultas y transferencias) y en 1993 pone a funcionar Tasaban (sistema creado para el cálculo y pago de timbres e impuestos). Es en 1996 que el BCR lanza su página web para que los clientes pudieran conocer los documentos requeridos para trámites como apertura de cuentas, créditos y más, lo que permitía que no debieran presentarse a la entidad.
 
Con el paso de los años, su portal web se robusteció e incorporó nuevos servicios: consulta del perfil transaccional, transferencias, pago de servicios públicos, consultas de créditos, entre muchos otros. Actualmente, a través de la página del BCR, es posible desde conocer el saldo de la cuenta hasta consultar por los fondos de inversión que se encuentren a su nombre, comprar un bien adquirido, solicitar un crédito, abrir una cuenta, etc.; todo, sin necesidad de invertir tiempo y dinero trasladándose a una oficina comercial. 
 
Estas facilidades han sido replicadas en la app BCR Móvil, que vio la luz en las tiendas móviles a partir de setiembre del 2015; desde entonces, ha venido evolucionando para beneficio de sus usuarios con nuevas formas de visualización, transacciones y conectividades.

A la fecha a través de los canales digitales, el Banco ofrece alrededor de 110 productos y servicios, además, cuenta con 23 formularios digitales distintos para la solicitud de trámites como créditos, medios de pago o apertura de cuentas.
 
Pero, con la tecnología, también debe evolucionar la seguridad; es por ello que el BCR ofrece altos estándares en este tipo de medidas que les permiten a sus clientes realizar transacciones de forma segura. Entre ellas,  el código de usuario, la clave de ingreso, clave dinámica, certificado digital, firma digital y, más recientemente, “registro de dispositivo”, que le solicita al usuario autorizar previamente los aparatos móviles donde usará la aplicación del banco y BCR Clave Virtual, aplicación móvil que genera códigos aleatorios de 60 segundos para ingresar a la página web.
 
Desde la constitución de los primeros bancos a hoy, han pasado varios siglos; las sociedades han evolucionado, las necesidades de los clientes también y, con ellas, la posibilidad que ofrecen las entidades financieras para que cada segundo cuente y se aproveche la polifuncionalidad de una aplicación móvil, de una página web.
 
Si en antaño era indispensable tener que presentarse a una entidad financiera, hoy, lo indispensable es digitalizarnos y hacer del banco, del BCR, un aliado que va con cada uno, donde sea y cuando sea.


Publicado el: 17 de July del 2020.